Recuerdo hace años, ir a una charla y recuerdo que en algún momento de la conversación levanté la mano y dije “el libre albedrío” no recuerdo la pregunta pero sí recuerdo la respuesta tras mi aportación: “aquí no hemos venido a hablar de filosofía”⁠

Reconozco que me removió mucho, hasta hoy, no había integrado esta situación y todas las demás situaciones en las que me he recordado (o reflejado) la importancia de este don y derecho del que disponemos: nuestro libre albedrío⁠

Hay días, que olvido que tengo el don y derecho de elegir en cada instante, antes me sentía abrumada por tantas decisiones: desde qué color le pongo a esta publicación, qué desayuno, qué visto, qué escribo… Hasta a grandes decisiones: dónde mudarme, elegir una ciudad u otra, aceptar o declinar un proyecto… Hace unos años, pensaba que decidir y elegir era pesado y era una carga, que era difícil y que me costaba mucho⁠

Recuerdo que en algún momento, comencé a quitarle el peso a elegir y a experimentar con ello, hoy voy a probar este plato, voy a probar ir a este lugar y si no me gusta, está bien, puedo dejarlo, siempre puedo volver a elegir y sobre todo, elegirme⁠
Con cada decisión me sentía más fuerte, mi autoestima fue creciendo y con ella mi confianza en mi ser y mis decisiones, cada día, me recuerdo que todos los caminos me llevan a mí y por si lo olvido, tengo seres y personas que me lo reflejan, como el presentador y dragqueen RuPaul que siempre dice “no te tomes tan enserio”⁠

Hoy he sentido que quería hablar del libre albedrío, porque siento que es uno de mis grandes valores en mi negocio: tú tienes el poder de elegir cómo quieres que sea tu negocio y tu vida, tú eliges cómo quieres hacer tus servicios, productos, acciones, tu comunicación, todas tus conexiones, no te tomes tan en serio, pon tu corazón en todo lo que haces y así, sabrás que lo estás haciendo lo mejor posible y recuerda, sino, siempre puedes volver a elegir⁠

Te abrazo,⁠